“Pero llego un samaritano, que iba de viaje y, al verlo, se compadeció de él; se acercó, le vendo las
heridas, echando en ellas aceite y vino; lo monto en su cabalgadura; lo llevo a una posada y cuido de él”
Lucas 10, 33-34
Objetivo

Despertar en todo hombre y de manera especial en el cristiano Católico el deber de amar y servir a toda persona, mediante el conocimiento de las obras de caridad y su deber en el cumplimiento.

 

Preguntas para Reflexionar
Tema

La parábola del buen samaritano que narra Jesús en el Evangelio según San Lucas nos invita a reflexionar y descubrir la misión del hombre y de la Iglesia en el campo social en el mundo en que vivimos. Las actitudes solidarias de ayudar siempre han estado en el ser humano desde su origen. El hombre es un ser social por naturaleza que vive en comunidad, y desde tiempos muy antiguos existe la cooperación mutua entre las personas como medio de supervivencia. Pero es a partir, del encuentro con la persona de Jesucristo y su Evangelio ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’ (cf. Mt 22,39), que encontramos el verdadero sentido a estas acciones que hacemos en bien del prójimo, puesto que, Jesús el Redentor del hombre está presente en el pobre y en el que sufre, y quiere ser conocido y amado en cada criatura humana.

Solo cuando nos movemos por este amor Divino infundido en nuestro corazón por el Espíritu Santo, es posible sentir la presencia amorosa de Dios que se inclina sobre el hombre y sus necesidades; es este el lugar donde se experimenta de manera personal la caridad de Dios. A estas acciones las podemos llamar obras de caridad.

Las obras de caridad son las acciones concretas de amor donde se materializa los buenos deseos e intenciones de desearle y procurarle toda clase de bienes espirituales y materiales a las personas que lo necesitan de nuestra Parte. Estas obras deben ser oportunas y de manera desinteresada y generosa. Todas las personas son merecedoras de la caridad sin diferencia de clase social, religiosa, política, racial, género o etnia entre otros. Dando prioridad a los menos desfavorecidos y por encima de cualquier tipo de intereses político o económico, el único interés que debe guiarnos es el servicio a los demás sin esperar recompensa terrena.

En su mayoría las personas se lamenta del sufrimiento ajeno y de lo mal que lo pasa mucha gente pero nadie hace nada al respecto, algunos buscan culpables y otros se quedan solo con el deseo de ayudar, pero de ahí no salen. Es necesario despertar la conciencia ante las necesidades del otro y actuar de inmediato, dejando de un lado la indiferencia y el egoísmo.

La Iglesia, para ayudarnos y educarnos a la caridad como donación personal hacia el prójimo resumió en el N° 2447 de su catecismo los gestos de caridad, que llamo las Siete Obras de Misericordia Corporales y las Siete Obras de Misericordia Espirituales. Fijemos la atención en los términos que usa “Obras de Misericordia”. Y lo hace porque por su misma naturaleza la forma más alta de caridad es la misericordia, que literalmente significa: “Dar al miserable el propio corazón”. Es decir, la propia vida para que el otro conozca a Cristo. Una fe que no se manifiesta según estas modalidades es vacía, o sea sin Cristo.

Obras de misericordia corporales: En su mayoría salen de una lista hecha por el Señor en su descripción del Juicio Final. Son:

Obras de misericordia espirituales: Han sido tomadas por la Iglesia de otros textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo: el perdón, la corrección fraterna, el consuelo, soportar el sufrimiento, etc. Son:

Respecto a esto el Papa Francisco nos recuerda la importancia de estas prácticas de la caridad. Dice el Papa que “son importantísimas porque la misericordia es la base que sostiene la vida de la Iglesia: de hecho, la primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo, no son una devoción, sino que es la forma concreta en que los cristianos deben aplicar el espíritu de misericordia. Por tanto, si queremos ser auténticos cristianos, la misericordia debe ser nuestra regla de vida, el amor a Dios y al prójimo deben ser lo único que nos mueva a obrar cada día.

Testimonio

San Juan Bosco. Un hombre pobre oyó hablar de las maravillas que hacía este humilde sacerdote y corrió en su busca para preguntarle algo muy importante: La fórmula para sacarse la lotería. Quería que el santo le dijera qué números debía escoger al comprar el billete. San Juan Bosco meditó un rato y luego le contestó con plena seguridad: “los números mágicos para que Ud. Se saque la lotería son estos: 10 - 7 - 14. Puede conseguirlos en cualquier orden y se la sacará”.

El hombre se llenó de alegría y ya se despedía para salir corriendo a comprar el billete, cuando el santo, tomándolo del brazo le dijo sonriente: “un momento, que todavía no le he explicado bien los números ni le he dicho de qué clase de lotería se trata. Mire: estos números signifi can lo siguiente: “10” signifi ca que usted debe cumplir los Diez Mandamientos; “7” signifi ca que usted debe recibir con frecuencia los sacramentos; “14” signifi ca que usted debe practicar las 14 obras de misericordia, tanto las corporales como las espirituales. Si usted cumple estas tres condiciones: observar los mandamientos, recibir bien los sacramentos y practicar las obras de misericordia, se va a sacar la más estupenda de todas las loterías: la gloria eterna del cielo”.

El hombre comprendió y en vez de irse a buscar al lotero, fue al asilo a llevar una limosna.

Liturgia

Se propone realizar durante una jornada el teletón para conseguir alimentos y ayuda económica para entregarla a los más pobres y necesitados. A cambio de las ayudas humanitarias que las personas van a aportar se compartirán con ellos un trozo de pan (Pan de San Antonio), como signo también de que todos estamos en la necesidad de recibir. Las ayudas recolectadas se ofrecerán en el ofertorio durante la Celebración de la Santa Misa.

Misión

Dediquemos un espacio de nuestro tiempo, podría ser una tarde, para ir a algún lugar donde haya alguna persona o grupo de personas que nos necesiten y brindémosles nuestra ayuda. Y ¿por qué no hacerlo periódicamente?

 

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