“Llego Jesús, se puso en medio y les dijo: ¡la paz
este con ustedes! Como el Padre me envió a mí,
así los envió yo a ustedes. Soplo sobre ellos y les
dijo: reciban el Espíritu Santo”
Juan 20,19.21-22

 

Objetivo

Reconocer que Jesús es el Enviado del Padre y cada uno de nosotros enviados por El, anunciadores del Amor, para alcanzar el Reino de Dios.

Preguntas para reflexionar

• ¿Qué día se les apareció Jesús?
• Resalte las palabras dichas por Jesús
• ¿Qué resalto para mi vida?

TEMA

Estamos dichosos de seguir evangelizando, respondiendo al llamado de Jesús que nos indica “vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio” (Mt 28,19ss). Esta tarea misionera nos compete a todos como bautizados
y enviados. Jesús es el enviado del Padre, el Misionero del Amor, y nosotros enviados por Él para ir al mundo entero y romper fronteras, fronteras de egoísmos, divisiones, envidias, rencores, guerras, pesimismo, facilismos y demás. El Evangelio siempre será una novedad y nos trae esperanza, esperanza que se convierte en amor, amor que es la característica fundamental del cristiano y más aún del misionero que refleja con su testimonio de vida a Dios que es Amor. Algunas características que debemos tener en cuenta como misioneros, todas presentes en Jesús, el misionero del Amor:

Lleno de amor: Jesús nos amó hasta el extremo, dio su vida por cada uno de nosotros, para salvarnos, de ahí que cada misionero debe estar configurado con Jesús, estar lleno de amor para comunicarlo a quienes lo rodean. Amor que lleve a la entrega, que lleve a abrazar la cruz para alcanzar la resurrección.

De mucha oración: Jesús para tomar cualquier decisión oraba, la oración es para Jesús el centro de su vida, la total comunicación con Dios Padre, así, cada misionero debe estar en constante comunicación con Dios en la oración para que cada obra que se realice no sea en nombre propio de cada misionero, sino en nombre de Dios. Jesús nos dice que debemos orar siempre y sin desfallecer.

De testimonio: Jesús por sus obras refleja al Padre tanto que llega a decir: “Yo y el Padre somos uno”, el misionero por tanto debe reflejar  Jesús en cada una de sus obras. Qué bueno que por nuestras obras podamos atraer a más personas para que sean discípulos misioneros.

Acogedor: Jesús nunca rechazo a nadie, siempre estaba en actitud de acoger a los más necesitados, a los menos favorecidos de la sociedad, siempre estuvo solícito a buscar la oveja perdida, ayudar a los enfermos, acoger a los pecadores, en fin, siempre a favor de aquellos a quienes el Padre le encomendó. Los misioneros a ejemplo de Jesús debemos salir a los caminos, acoger a los necesitados sin discriminar a nadie, acogiendo a todos, ya que somos hermanos e hijos de Dios.

Servicial: Jesús tuvo muy en cuenta que su misión era, además de anunciar el Reino de Dios, también amar y servir. El se abajó a sus discípulos y les lavo los pies, les dijo que así como él lo hacía lo hicieran con los demás. El misionero debe abajarse a la realidad de cada persona y servir sin mirar a quien como decimos popularmente. Ver en el hermano al mismo Jesús que siempre nos necesita.

En conclusión, Jesús vino a nuestro mundo como misionero del Padre, enviado por Él, con el encargo de traernos un mensaje, una buena noticia, la buena noticia del amor que Dios siente por cada uno de nosotros; con la misión de conseguir para nosotros la salvación. Como buen misionero, Jesús se insertó en nuestro mundo y en nuestra historia; se hizo hombre como nosotros, de nuestra carne y sangre, y vivió nuestra misma vida: Nació como uno de nosotros, creció como nosotros, maduró como nosotros, padeció nuestras angustias y dolores, sufrió nuestras dificultades, compartió nuestros fracasos, gozó con nuestras alegrías, participó de  Nuestros triunfos, y experimentó nuestras esperanzas.

Nos comunicó con su vida y su palabra el mensaje que Dios nos quería dar, nos dijo de mil formas: que Dios nos ama y que quiere lo mejor para nosotros, que se compadece de nuestra miseria, que perdona nuestras culpas y pecados, y que desea vivamente que un día, al final de nuestra vida en la tierra, compartamos su felicidad.

Jesús cumplió su tarea misionera desde el primer instante de su vida en el mundo, hasta su último suspiro; no se dejó llevar por el miedo, ni se derrumbó ante los fracasos, no se dejó vencer por las dudas, no vaciló en los momentos definitivos; miró siempre hacia adelante, a la meta propuesta por el Padre, a la culminación de su tarea misionera.

Y llevó su misión “hasta el extremo”.

Hizo todo lo que ella le exigía y en el momento en que se lo exigía.

Se entregó a ella plenamente… y no temió dar su vida en su cumplimiento. Jesús, misionero del Padre, confirmó sus obras y sus palabras, con el acto de amor más grande que un hombre puede realizar: vaciarse totalmente de sí mismo, renunciar a todo, olvidar sus propios intereses, sus deseos más legítimos, y entregarse, darse en sacrificio por los otros. Jesús, misionero del Padre, entregó su vida, sus esperanzas, su sangre, por nosotros: para mostrarnos su amor, para conseguirnos el perdón, para salvarnos de la muerte definitiva, para hacer posible para nosotros la resurrección y la vida eterna.

Jesús, misionero del Padre, nos invita hoy, a ser también nosotros sus misioneros en el mundo, en las circunstancias que vivimos, en nuestra historia, y llevar a todos el mensaje de su amor y de su salvación.

Testimonio

En el tiempo de las cruzadas, San Francisco sufrió mucho al ver el egoísmo y las costumbres disolutas de los soldados de la cruz. Deseando la salvación de los sarracenos, decidió pasar al campo del enemigo, por más que los cruzados le dijeron que la cabeza de los cristianos estaba puesta a precio. Habiendo conseguido la autorización del delegado pontificio, Francisco y el hermano Iluminado se aproximaron al campo enemigo, gritando:

• ¡Sultán, Sultán!
Cuando los condujeron a la presencia de Malek-al-Kamil, Francisco declaró osadamente:
• No son los hombres quienes me han enviado, sino Dios todopoderoso. Vengo a mostrarles, a ti y a tu pueblo, el camino de la salvación; vengo a anunciarles las verdades del Evangelio.
El Sultán quedó impresionado y rogó a Francisco que permaneciese
con él. El santo replicó:
• Si tú y tu pueblo están dispuestos a oír la palabra de Dios, con gusto me quedaré con ustedes. Y si todavía vacilan entre Cristo y Mahoma, manda encender una hoguera; yo entraré en ella con sus sacerdotes y así verán cuál es la verdadera fe.
El Sultán contestó que probablemente ninguno de los sacerdotes querría meterse en la hoguera y que no podía someterlos a esa prueba para no soliviantar al pueblo. Y llegó a decir:
• Si todos los cristianos fueran como él, entonces valdría la pena ser
cristiano.

Liturgia

Vamos a organizar un lugar especial con velas del color de los cinco continentes (verde, roja, blanca, azul y amarillo) donde vamos a orar por las misiones y los misioneros del mundo entero.

Misión

Reconociendo nuestra tarea de bautizados y enviados vamos a visitar cinco familias para compartirles lo aprendido durante estos días sobre la misión, resaltando el compromiso de ser misioneros enviados por Jesús, el
Misionero del Amor.

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