Consideración para el Día Primero

Evangelio de San Lucas

Los envió a decir al Señor: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?

… y les respondió: vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído:

los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,

los muertos resucitan y se anuncia la buena noticia a los pobres.

(Lc 7,19. 22).

 

Reflexión

En Navidad conmemoramos el cumplimiento de las profecías divinas y el nacimiento, en nuestra tierra, del Mesías, esperado durante siglos. Es el tiempo en el que celebramos el misterio de la encarnación, por el que el Dios altísimo se hace humano, se hace tan cercano que lo podemos contemplar como uno de nosotros, solidario en todo con nuestra humanidad, solidario con nuestras alegrías y esperanzas, así como de nuestras tristezas y angustias.

Ante el portal de Belén descubrimos a Dios en la pobreza del pesebre y en la fragilidad de un niño. De esta manera la celebración de la Navidad nos invita siempre a reconocer y a servir a Jesús en los débiles, excluidos y vulnerables de nuestro mundo: en los enfermos, los pobres, los migrantes, los desempleados y los que ahora mueren por causa de una pandemia o de la violencia en nuestro país. Muchas personas con su servicio generoso y abnegado durante la pandemia, los médicos, el personal de salud, los campesinos, los voluntarios, etc. han hecho visible la presencia de Jesús y de su Reino de amor en medio de la pandemia.

El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda que Dios quiere que los enfermos sanen, los ciegos vean, los sordos oigan, los cojos caminen. Solo de esta manera la esperanza en el cumplimiento definitivo de sus promesas se hace creíble, especialmente para aquellos que están en medio del dolor y el sufrimiento. Dios nos está poniendo en modo o ritmo de servicio misericordioso.
Reunidos en familia o en nuestras comunidades parroquiales, necesitamos acompañarnos, confortarnos, consolarnos, ayudarnos mutuamente a sobrellevar este tiempo difícil y exigente que estamos viviendo. Al mismo tiempo, no podemos dejar de lado a los que están más solos porque no tienen una familia que los rodee, los acompañe y de esta manera les lleve consuelo y sanación. Qué bueno sería que durante esta novena y en la misma celebración de la Navidad, pudiéramos ocuparnos de los que quizás sienten con mayor dureza la soledad y experimentan de forma más fuerte los rigores de las carencias y el sufrimiento.

Compromiso
“Percibamos los signos del Reino del Amor de Dios en medio de la pandemia y hagamos visible la presencia de Jesús consolando y auxiliando a los que sufren”