Consideración para el día Segundo

Recordar a nuestros ancestros

Evangelio de San Mateo

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la
cual nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total
de las generaciones son: desde Abrahán hasta
David, catorce generaciones; desde David hasta
la deportación a Babilonia, catorce generaciones;
desde la deportación a Babilonia hasta Cristo,
catorce generaciones

(Mt 1,16 – 17).

 

Reflexión

Sin duda pasaron muchas generaciones antes del nacimiento del Mesías, cada una de las cuales enfrentó situaciones adversas, en ocasiones críticas. Así, la historia nos dice que la generación de David tuvo que ver, cómo una peste diezmó a sus hombres, algo semejante a lo que hoy estamos viendo con la pandemia (2 Sam 24). Otra generación vio la caída de la ciudad de Jerusalén y cómo fue sometida por un imperio enemigo que llevó incluso a sus habitantes al cautiverio (2 Re 25), a vivir fuera de su patria, situación propia de los migrantes, de muchos nacionales que emigran y ahora de hermanos extranjeros que han llegado forzados a nuestra patria por distintas necesidades.

Pero la historia de salvación nos dice que Dios es fiel y no abandona a su pueblo, y lo acompaña de generación a generación, y paso a paso, al ritmo de los acontecimientos, como la anunció Jesús en el mismo Evangelio: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Seguramente si recordamos los testimonios de nuestros abuelos y antepasados veremos que ellos también enfrentaron situaciones difíciles, pero finalmente como lo solían decir, con la ayuda de Dios, las superaron. Así la Palabra de Dios nos invita a levantarnos y caminar paso a paso con los que integran esta generación, con la esperanza de un mejor futuro para todos.

En estos meses de pandemia hemos redescubierto y sentido la importancia de nuestras familias. También, a veces, han salido a flote sus fragilidades. Dios nos está poniendo en modo o ritmo familiar, nos está invitando a valorar la compañía y el apoyo de la familia, a trabajar porque nuestros hogares vivan de manera más amorosa y armoniosa, a hacer de nuestras familias pequeñas iglesias domésticas donde escuchemos a Dios, lo alabemos y sintamos la fuerza y la ternura de su amor.

 

Compromiso

“Recordemos y agradezcamos a Dios por nuestros antepasados, abuelos, bisabuelos, etc. y sigámonos acompañando y apoyando en familia para salir adelante”.