Bioética y el Conflicto Social

Con frecuencia encontramos en los periódicos y en diferentes informes de revistas especializadas, cifras como estas: En Colombia hay 4 millones de desplazados, 15 millones de desaparecidos y 3 mil personas halladas en fosas comunes. Entre 1982 y el 2005 los paramilitares perpetraron más de 3.500 masacres… (Periódico El Tiempo. www.eltiempo.com. 03.06.2008.)

Son cifras escalofriantes que frente al auge de la bioética nos interrogan y nos colocan de cara a la pregunta ¿qué papel puede desempeñar esta nueva disciplina en la búsqueda de soluciones al conflicto social colombiano?

Podemos responder inicialmente adentrándonos un poco en el origen y desarrollo de esta ciencia. La Bioética (del griego bios=vida, ethiké=moral), se entiende hoy en día como “la disciplina que se implica universalmente, desde diversos enfoques y de forma comprometida –de ser posible, anticipadamente-, en todos los problemas que se derivan o pueden hacerlo de las aplicaciones de la ciencia y la tecnología sobre el bios (la vida en general y, muy especialmente, sobre la vida humana), con el propósito de ayudar a impedir su uso abusivo” o, lo que es lo mismo, “la disciplina encargada del análisis de los usos y avances de las biociencias y sus tecnologías, para establecer orientaciones éticas aplicables que concilien su utilización con el máximo respeto a la dignidad del hombre y a la conservación del medio ambiente, las especies y la naturaleza”.

Recordemos que la primera definición de la bioética dada por el oncólogo Van Rensselaer Potter, el creador de este neologismo en 1970, tenía un alcance macrobioético, es decir, biopolítico, incluyendo consideraciones de demografía, de economía, de justicia y del ambiente a nivel planetario global, poniendo en evidencia la frágil y compleja interdependencia de los múltiples componentes de nuestro mundo contemporáneo.

Se puede afirmar que esta nueva ciencia es una disciplina de valores y conductas. En cuanto a los valores, la Bioética incorpora y representa los elementos éticos racionales suficientes y aceptados para proteger la dignidad humana y los derechos que de ella se derivan. La defensa de esos valores se traduce en conductas o comportamientos también indispensables: autocrítica, heterocrítica, objetividad como reflejo de la verdad, responsabilidad, equidad, autonomía o autodeterminación y de la toma de decisiones civiles con base especialmente en la participación, el diálogo y el debate público.

La Bioética, como ya lo hemos afirmado se ha preocupado por la Humanidad y la Biosfera, y se caracteriza por ser: interdisciplinar, social, convivencial, universal y con un lenguaje propio. Sus objetivos se dirigen a armonizar los derechos humanos con las aplicaciones de la ciencia y la tecnología y al logro del bienestar de los individuos y las sociedades que la constituyen. Tal es el sentido de la Declaración Bioética de Gijón del año 2.000 (http://www.bioeticas.org/bio.php?articulo47): “las biociencias y sus tecnologías deben servir al bienestar de la humanidad, al desarrollo sostenible de todos los países, a la paz mundial y a la protección y conservación de la naturaleza; esto implica que los países desarrollados deben compartir los beneficios de las biociencias y de sus tecnologías con los habitantes de las zonas menos favorecidas del planeta y servir al bienestar de cada ser humano”.

La violencia es la agresividad instintiva dirigida al daño y atizada por el raciocinio del hombre y en su elaboración o aplicación es una conducta irracional. Se afirma que en el desarrollo evolutivo del hombre, junto a su acervo genético intervinieron básicamente el medio ambiente y el desarrollo cultural. Algunos autores afirman que la violencia fue el motor evolutivo primordial del hombre. Puesto que la violencia no pertenece a la naturaleza del hombre. El hombre es el único animal cultural del globo terráqueo. Por consiguiente, si la violencia fue el motor primordial de nuestro desarrollo evolutivo, para convertirnos realmente en seres humanos tendremos que erradicarla.

Carlos Novoa, en un interesante artículo titulado: Terrorismo, Etica y Conflicto Interno en Colombia, propone una serie de valores que nos podría ayudar a construir una sociedad, una mujer y un hombre nuevos en Colombia constituidos por valores plenamente humanos y plenificantes de verdad. Tales valores de los cuales ya hemos mencionado algunos son: la dignidad de toda la persona humana, la fraternidad, la solidaridad, la justicia, preferencia por los débiles y desprotegidos, la servicialidad desinteresada, la trascendencia, la verdad, el dialogo, el respeto, la comprensión, el perdón, la tolerancia, la responsabilidad, la libertad, la conciencia y la reflexión sobre todos los comportamientos, decisiones y acciones.

Podemos concluir que la Bioética puede contribuir a un diálogo que permita superar situaciones de violencia y avanzar hacia una paz fundada en la justicia, favorecedora del desarrollo humano en plenitud, sustentado en el respeto a la dignidad inalienable de la persona humana en un camino que conduce a un estado social y democrático de derecho que incluye en el sistema de derechos fundamentales no sólo el reconocimiento – y promoción- de las libertades clásicas, sino también los derechos económicos, sociales, culturales y religiosos. (http://labioeticahoy.blogspot.com/).

P. Juan Carlos Liévano
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